Mostrando entradas con la etiqueta Mis Historias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mis Historias. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de octubre de 2012

Cuento Haiku: La anciana papeleta

Un hombre y una mujer ayudan a una anciana, arrugada y reducida, a acercarse a la mesa electoral. La anciana lleva la temblorosa mano extendida, con el DNI y la papeleta, como el ciego que tantea. Cuando llegan a la mesa, la anciana hace el gesto de meter el DNI en la urna pero la mujer la corrige. Cuando ya se van, una joven que miraba se cruza en su camino y pregunta a la anciana:
-¿A quién ha votado usted?
- Pues a Franco, por supuesto.
El hombre parece abochornado y la mujer, enfadada, está a punto de decirle algo a la joven cuando ésta se adelanta.
-Asumo que han votado al PP...
-Vete a la mierda.

viernes, 8 de abril de 2011

Mis Historias: Infiltrado o elige tu propia aventura

Este proyecto nació como propuesta para promocionar un juego de rol español, Comandos de Guerra, aunque por desgracia y reiteración, una vez acabado, no me llevó a ningún sitio. Infiltrado es otra de mis obras de juventud adolescente en la que se explica la historia de espía aliado en la alemania nazi usando el formato "Elige tu propia aventura". Como el escrito tiene una buena cantidad de páginas, lo he colgado en 4shared y lo podéis descargar o visualizar fácilmente desde AQUÍ. Y así, otra de mis nostálgicas obras de antaño queda salvada entre bits de la maldición del olvido. Al que tenga la voluntad de leerla/jugarla, ¡espero que te guste!

miércoles, 30 de marzo de 2011

Las palabras perdidas

Más de diez años atrás, antes de sumergirme en las aguas del audiovisual, lo mío eran las letras, puro negro sobre blanco. Además de cuentos e ingenuos intentos de novela de acción, escribía poemas. Hace unos meses, ya colgué algunos de esos poemas recogidos en un breve cuento lírico y aún me quedan algunos más que acabarán en este cuaderno binario más pronto que tarde.
Pero ya no los escribo. Hace mucho tiempo que no me salen los versos y no es que me bloquee o que me falten las palabras. Lo que me falta es la necesidad de escribirlos. En esos tiempos pasados, no me tenía que sentar a buscar las ideas o los poemas entre las marismas de mi cerebro sino que salían a borbotones, como frutos brillantes de mis emociones. No diré que se trataban de grandes poemas pero a mí me gustaban y ahora los valoro aún más si cabe.
¿Qué ha cambiado en estos años? Muchas cosas, sin duda, pero soy incapaz de identificar ese elemento que hace de tapón de versos. Quizá solo hay que intentarlo.

jueves, 24 de marzo de 2011

Mis Historias: Anti Publicidad

Cuando estuve de Erasmus, gasté una pequeña cantidad de tiempo en intentar aprovechar academicamente aquello que parecía inaprovechable. A pesar de no estar muy orgulloso del resultado final, he decidio colgar unas cosillas que hice en uno de esos intentos. La idea era crear imágenes publicitarias con un mensaje completamente contrario al de la publicidad convencional. Al final, salió esto:




miércoles, 23 de febrero de 2011

Rubia

Un poema/broma que escribí hace mucho tiempo y del que no estoy especialmente orgulloso porque no lo hice rimar. En realidad, se suponía que iba a ser una canción, así que, a lo mejor, con la música hubiese quedado un poco mejor. Supongo que se puede llamar poema perezoso aunque creo que la última estrofa no está tan mal.En fin, el baúl digital de Mis Historias, sigue creciendo...

Hay una rubia que me enloquece,
Que me tiene la vida presa,
Atadito a su cuerpo
Colgado de su sabor.

Mis amigos me advirtieron
De los peligros de tal locura.
Pronto me dejaron solo
Pues mi boca y mi vida
Eran solo para ella.

Hay una rubia que me enloquece,
Que me tiene la vida presa,
Atadito a su cuerpo
Colgado de su sabor.

Todas las noches ando loco
En busca de su aroma
Veo su brillo de oro
Por toda la ciudad.

Hay una rubia que me enloquece,
Que me tiene la vida presa,
Atadito a su cuerpo
Colgado de su sabor.

Santo el camarero que me la sirve
A beberla una vez más
Para quedarme atrapado
Otra vez en este bar.
Que si el amor duele,
Un amor tan difícil
Duele mucho más.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Mis Historias: Artefacto

Bueno, esta historia no es sólo mía. Como suele suceder, este cortometraje es obra de mucha gente pero me atrevo a decir que principalmente es de Cartxo, el director, y mía, el guionista. Siguiendo el link del vídeo podéis ver un par de making off's que muestran a casi todos los que estuvieron involucrados en el proyecto y a los que quiero agradecer su esfuerzo. Por desgracia, esta historia no es todo lo que podría haber sido; aún así, espero que la disfrutéis.


ARTEFACTO from Turanga Films on Vimeo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

La Torre Oscura: Canción de Susannah

Me ha costado muy poquito acabarme el sexto volumen de la Torre Oscura pero me cuesta mucho más escribir la sexta reseña de una obra completa. Es como escribir un comentario sobre cada capítulo de un mismo libro y tampoco quiero repetirme. Como es normal, la historia del ka-tet de Roland sigue agarrada a mí y he disfrutado de Canción de Susannah tanto como con los anteriores.
Igual que me pasó con el Señor de los Anillos, Canción de Fuego y Hielo, Babylon 5, La Fundación y muchas otras historias, mientros leo La Torre Oscura no puedo dejar de pensar en mi propia versión de esa misma historia y una pequeña tristeza me embarga porque ya no puedo escribir esa historia, el señor Stephen King se me ha adelantado. Ese sentimiento tan común no es tan rastrero como parece sino más el fruto de una sana envidia y una profunda admiración. Con el tiempo, unos días después de acabar el siguiente y último, de momento, libro, las ganas de escribir una historia sobre mundos fántasticos anclados al nuestro y sobre guerreros honorables y tristes que emplean armas juramentadas pasará. Pero la historia quedará en mi mente y se unirá a todas las demás historias que conozco, para aumentar el fondo bibliotecario que alimenta mis historias.
El elemento que tengo más ganas de usar es la unión de todas las historias en una. La mayoría de los relatos de King tienen una astilla de La Torre Oscura clavada en el corazón y giran alrededor de ella. Cada relato es como un planeta en el espacio pero todos giran alrededor de un mismo sol. Sin poder evitarlo, muchas de mis historias tratan los mismos temas y casi diría que tienen distintos reflejos de un mismo personaje como protagonistas así que no puedo evitar querer escribir una historia que contenga todas las demás en su interior de manera similar a lo que King ha hecho con su Torre Oscura. No sé si lo haré, no sé si podré vivir de ello como deseo y como King ha podido hacer, pero la verdad es que me gustaria.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Mis Historias: Rol en vivo: La Dolce Notte

A pesar de mis múltiples planes al respecto y de un ensayo primero que hice con amigos de confianza, La Dolce Notte es el primer y último rol en vivo que escribí. Ya lo he jugado varias veces, todas con interesantes resultados, y sé de buena tinta que otros amigos lo han jugado sin mí (lo que me llena de orgullo, alegría y satisfacción) así que ya va siendo hora de que lo juegue todo aquel que pueda, quiera y lo encuentre en este mi humilde blog. La Dolce Notte es una historia de gángsters, chicas de compañía y corrupción al más puro estilo novela negra y creo que todos los que la han jugado se lo han pasado muy bien así que, para aquellos que no han tenido ocasión, lo he dejado colgado aquí: http://www.4shared.com/file/70C5Cu_a/Dolce_notte.html
El Rol en Vivo, a pesar de sus estigmas sociales, es una de las mejores maneras de disfrutar de una historia pues es la más inmersiva de todas ellas. En todos mis años jugando a rol ví grandes interpretaciones de gente que no sabía que podía actuar así pero el truco es que no estaban actuando, por un momento, esos amigos y conocidos se habían convertido en los personajes y cada uno de ellos estaba viviendo su propia historia que, combinadas formaban un mosaico enorme, detallista e imborrable.
Creo que si tuviera que elegir la actividad del pasado que más echo de menos sería sin duda los ReVs y aunque guardo una ligera esperanza de recuperarlos en mi vida, sé que su tiempo probablemente haya pasado definitivamente pero, a pesar de mi memoria maldita, muchos recuerdos quedarán guardados, en el amplio cajón de las historias.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Mis Historias: El trabajo del artesano

Escribí este breve cuento a propósito para un extraño concurso literario que ofrecía una revista especializada en entierros, ataúdes y demás parafernalia fúnebre. Como es lógico, el cuento tenía que tratar algún aspecto relacionado y decidí contar la historia de un arrepentido pecador y del maestro escultor que haría su lápida. La resolución del concurso salía al cabo de tanto tiempo que al final se me olvidó mirar si había ganado o no, pero en fin, imagino que en caso de haber ganado me habrían avisado. El caso es que el relato en sí no está mal pero vosotros sois los verdaderos jueces.


El trabajo del artesano

Hace dos semanas, este hombre de manos curtidas y pelo ralo, salió de su casa e hizo este mismo camino con una sombra en el corazón y la mirada perdida. Aquellos que le vieron volver hacia su casa, murmuraban que llevaba una pesada losa sobre sus hombros y todos se apartaban para dejarle paso. Hoy, Pedro Barrena, hace de nuevo el camino a casa de Don Azua con paso tembloroso y una pesada lápida de piedra envuelta en una manta a la espalda. Los vecinos cierran las ventanas y postigos cuando le ven pasar encorvado, cual pájaro de mal agüero.
Parado frente la imponente casa, Pedro recuerda la primera vez que estuvo allí, muchos años atrás, con menos callos en las manos y más pelo en la cabeza; temblando por tener que pedirle un favor a Don Azua. Ese día también recurrió a la memoria para calmarse: todos los niños corriendo al encuentro del rico señor cuando llegó con su primer automóvil, la brillante carrocería, los vítores de los chiquillos, una ancha sonrisa y la frente bien alta. Don Azua le recibió en su amplio y luminoso despacho, lleno de libros y con una enorme mesa de madera noble. Escuchó pacientemente el discurso que Pedro tantas veces había ensayado sin decir ni media palabra, observando como el artesano se agarraba a su gorra como si fuera un salvavidas.
-Te daré el dinero que necesitas Pedro Barrena, y no tienes que devolvérmelo, es tuyo; pero un día, tú me harás el favor a mí.
Su única hija tardó casi un mes en recuperarse de las fiebres y le quedaron unas pequeñas marcas en los brazos pero creció sana y fuerte, se casó y se fue a vivir con su marido. Mientras deja el pesado bulto suavemente en el suelo para llamar, Pedro se alegra de tener dos nietas tan hermosas.
Una vez más es Juan Azua, el hijo mayor, el que abre la puerta. Su expresión sigue igual, más triste si cabe que dos semanas atrás. Musita un saludo, mira el paquete sujeto con cordel y ayuda a Barrena a cargarlo hasta el piso de arriba. Compartir esa carga durante los dos tramos de escaleras y por el pasillo hasta el dormitorio los acerca, como hermanos de procesión.
Se comentaba que nadie subía al piso de arriba de la casa de los Azua. Allí estaban los dormitorios y los Azua eran muy celosos de su intimidad. Todos y cada uno de los muchos negocios de Don Azua se llevaban a cabo en su despacho y algunas veces, si el asunto no avanzaba a su gusto, en la cochera o al fondo de la era que tienen por jardín. El dinero de la familia Azua había levantado a la ciudad y cada domingo desde que llegó, el alcalde, fuera quien fuera en ese momento, almorzaba en casa de Don Azua, pero nunca subía a su dormitorio. Así, cuando Pedro fue requerido en casa de los Azua, el miedo se apoderó de él, temió no ser capaz de devolver el antiguo favor y quedar condenado a sufrir un penoso castigo; pero cuando Juan Azua, le indicó secamente que subiera las alfombradas escaleras, Pedro Barrena siseó “Miserere mei, Deus, secundum misericordiam tuam…”. Si Juan lo oyó, nadie lo puede decir.
La primera vez que entró en el cuarto quedó asombrado por el exceso: un espacio enorme, iluminado por cuatro grandes ventanales, muebles macizos, una alfombra inmensa que casi cubría todo la habitación… Con tanto exceso, tardó unos segundos en descubrir que había alguien en la cama. Don Azua le mandó acercarse a la cama mientras su hijo cerraba la puerta y les dejaba solos. Pedro se acercó procurando no respirar más de lo necesario. En la cama, tapado hasta el cuello, con un montón de cojines para mantenerlo ligeramente recostado, el alto señor había perdido todo su esplendor. Una enfermedad le estaba consumiendo poco a poco. En la ciudad se decía que Don Azua, llevaba bastante tiempo sin salir de su mansión pero nadie sabía que agonizaba.
- Tú me guardarás el secreto hasta que me vaya, ¿verdad? Ha llegado el momento de que me devuelvas el favor.
- Pronto dejaré este cuerpo mortal y… necesito que me defiendas en el juicio que está por venir. Seré juzgado con severidad por mis pecados pero tú puedes abrirme las puertas del cielo. Te pagaré lo que pidas, pero no pongas a un aprendiz en ello; quiero que lo hagas tú. Si lo haces bien, te protegeré en muerte desde el cielo, como te ayudé en vida desde la tierra. No vuelvas hasta que sea perfecta…
Pedro se dejó guiar hasta la salida por Juan, que no le dijo ni una palabra, y ya en la calle se dio cuenta de la tarea que le había sido encomendada. Si la lápida de Don Joaquín Azua no cumplía, las calamidades lloverían sobre su familia como puños de granizo. En cuanto llegó a casa, entró en su taller, cerró el pestillo que nunca había cerrado y fue a buscar las mejores herramientas que tenia.
Mármol de Carrara, el mejor que tiene en el taller. Piedra blanca con suaves venas azules. Una vez pulido, la luz penetra en el mármol y parece que se queda allí un tiempo, cansada de correr, refugiada en la fría piedra, antes de volver a su infatigable carrera. El mármol es la piedra donde descansan los ojos de los ángeles y será la piedra que llevará el nombre de Azua.
El bloque esperaba ansioso a que Pedro se decidiera a dar el primer golpe con el puntero pero él siguió observando, buscando las líneas que han de ser, mirando la obra finalizada antes de empezar. Por fin, apoyó el puntero dulcemente en la piedra blanca y golpeó.
Pedro Barrena apenas salió del taller en dos semanas. Su aprendiz se fue a visitar a su familia y su mujer pensó que había perdido la cabeza. Trabajó con lentitud y armonía, no podía apresurarse. Cada muesca arrancada a la piedra es irremplazable, única, así como el vacío que deja. Un vacío que, poco a poco, establece unas formas que ya estaban allí, esperando. La gradina se desplazaba suavemente pero sin compasión, hundiéndose aquí y luego allí con sus dientes de metal, aflojando la piedra, y un poco más, y un poco más. Por arte de magia, como el viento en la niebla, el cincel desveló los bajorrelieves más finos que Pedro ha esculpido jamás. Todo formas curvas y limpias, aprovechando las sutiles vetas azules. Sólo una pequeña cruz y el nombre de Don Azua contienen líneas rectas, pues son los pilares de la existencia, uno mismo y el Señor Todopoderoso, las columnas que nos mantienen en la senda. Casi todas sus limas y escofinas pasaron por sus manos para pulir cada detalle, cada arista, cada sombra.
El artesano ha hecho su trabajo y ahora lo observa como antes de empezar, otro hijo nacido de sus manos. Pedro siente el pálpito en la piedra y sabe que es su mejor trabajo, el más esforzado y el más sublime; pero se pregunta si bastará.
Frente la habitación de Don Azua, todavía acompañado de Juan, que sigue ayudándole con la lápida, Barrena vuelve a preguntarse si bastará. La habitación está vacía y la muerte, junto a su dueño, se lleva la vida de cada esquina. Hay una robusta silla de madera al lado de la cama y, delicadamente, dejan la lápida allí apoyada. El rostro de Don Azua se ha marchitado casi del todo en esas dos semanas y Pedro se siente caer agarrado a unas brasas. Es el momento de su juicio, la sentencia de su arte. Con manos temblorosas, desata los nudos y cae la manta polvorienta.
Don Juaquín Azua no dice nada, cierra los ojos y suspira largamente. El aire que le sostenía se escapa lentamente mientras su figura se desmadeja un poco. Juan Azua le acompaña hasta la puerta de la calle.
-Gracias.

viernes, 29 de octubre de 2010

Mis Historias: Low

LOW es un trabajillo que hice cuando estaba de Erasmus en Trier, Alemania. Es un diseño gráfico conceptual sobre las cosas "bajas": bajo en grasas, en cafenía, etc... Es un trabajo sencillo que no provoca grandes sentimientos. Nunca he tenido especial maña con las artes plásticas ni con el diseño gráfico, yo soy un chico de palabras. Aún así, visto que el resultado final tampoco da asco, lo voy a colgar aquí para conservarlo hasta el fin de los bits.

viernes, 22 de octubre de 2010

Mis Historias: Odio Miedo Ira

Hoy toca recuperar otra de mis viejas y experimentales historias. En ésta señalada ocasión pretendía explicar con palabras algunas poderosas emociones difíciles de definir, concretar y explicar. Sólo es otro viejo reto que, más allá de su éxito o fracaso, señala ciertos lugares comunes de la parte más negra de mi imaginario.  Aunque no creo que ése sea el objetivo, espero que os guste.


Odio

- ¡Maldita sabandija! Lo pagarás. Te deseo todos los males del mundo, que vivas muchos años llenos de dolor y sufrimiento, que llores mil lágrimas por cada una que hiciste verter. Desde el fondo de mi corazón yo te maldigo. Aprovecharé cada segundo para hacerte caer una y otra vez. Que tu ponzoñosa sangre se mezcle con el barro. Que todos los hombres se alejen de ti, que no haya nadie en el mundo que pueda amarte. Ojalá te quedes tan solo...
Quiero que pases miedo infinito, que todos te recuerden con rencor, que incluso Dios te mire con desprecio, que tu alma esté tan maldita que no merezca ni el infierno y vagues para siempre en el oscuro abismo. Quiero que vivas deseando morir, porque con toda la fuerza de mi alma, te odio.


Miedo

- ¿El miedo? ¿Quieres saber lo que es el miedo, pobre diablo? Es una leve inquietud que se arrastra lentamente. Alarga sus pútridos tentáculos y te aguijonea. Entonces solo los más fuertes pueden salvarse. Los demás ya están condenados. Como un virus oscuro se extiende por tu sangre helada. El recelo va creciendo haciendo temblar las manos. Es un monstruo que no se detiene, que te llena de negrura. El corazón empieza a latir de verdad cuando el temor ya circula por todo tu cuerpo. Con una carcajada demoníaca, el horror, ya casi seguro de su victoria avanza hacia el cerebro. Ya no sirve de nada que te agarres a algo o que cierres los ojos, si el miedo llega a la cabeza estás perdido. Los ojos te engañan, el corazón se desboca, los temblores duelen. Todo son tinieblas profundas. Un abismo se abre ante ti. Una vez estás al borde del abismo no te puedes mover, no puedes hablar, no puedes pensar. Cuando el terror es absoluto solo puedes chillar.


Ira

Es el fuego latiendo en tu pecho, lava surcando tus venas, los ojos inyectados en sangre. Es un puño cerrado, sangrando, de tanto golpear los muros. Es un grito que sale de lo más hondo del alma. Un grito poderoso. Un grito con ansías de destrucción.
La rabia te llena la mente y te ciega. La furia domina tus movimientos más primordiales y solo puedes pensar en que estás a punto de explotar. Arremetes contra dios y demonio, lanzando amenazas a los cielos. El rojo difumina todos los demás colores.
La ira te convierte en un animal. Te hace rugir, te hace llorar, te hace pegar. La ira te reduce a un ser de fuego puro que se sacude rabioso y que, para no enloquecer, lanza un grito que hace retumbar la tierra.

martes, 12 de octubre de 2010

Mis Historias: Jugando

Esta vez os ofrezco en sacrifico un viejo cuento pictórico que en vez de contar una historia, describe una escena o una imagen. Releyéndolo me parece que al pequeño relato le falta un poco más de fuerza para transmitir todo lo que quería. Aún así, me parece que no está mal. Además si es breve...

Jugando

       Ricky se escapa. Pese a sus pocas posibilidades, lo intenta una y otra vez. Me levanto, lo cojo mientras balbucea alguna queja y lo vuelvo a dejar cerca de donde tenemos las cosas. Intento que se quede quieto tentándole con el biberón pero lo aparta de un manotazo y vuelve a gatear. Me levanto, lo cojo y lo dejo en su manta. Refunfuña un poco y se lanza otra vez. La tarde no invita a moverse, la hierba está fresca y el sol brilla con fuerza. “Ya volverás” le grito. Pienso que me entiende, pero no me hace ni caso y sigue adelante. Con un vistazo de vez en cuando será suficiente; en el parque no hay ningún peligro y tendrá hambre porque aún no ha comido. Las palomas picotean migas de pan a su alrededor.
       Ricky casi se arrastra hacia un corro de gente que está mirando algo. La curiosidad puede con la pereza, así que me levanto. Enseguida alcanzo a Ricky, me lo cuelgo del hombro y, quejándome de las manchas de hierba y tierra, me acerco al grupo. Todos miran sorprendidos a un chaval que duerme plácidamente en un banco. A su alrededor hay una verdadera manada de críos jugando. Bebés que, tras escapar de sus padres, escarban bajo el banco. Tres o cuatro pelotas de goma van de un lado para otro entre risas y gritos. Todos los niños del parque se han puesto a jugar justo ahí, junto al chaval que duerme. Corretean y se persiguen. Unos indios atacan a unos vaqueros. Los cacos escapan de los polis y los que más corren ganan las carreras. Mientras, el chico duerme.
        Ricky insiste en deshacerse de mí. Lo dejo en el suelo y avanza decidido. Los padres no pueden dejar de mirar a sus hijos y ya hay gente que se acerca a ver qué pasa.
        Ricky se esfuerza en subir al banco para estirarse al lado del chaval que duerme pero no lo consigue. Un niño mayor le ayuda, todos los demás siguen jugando.

jueves, 7 de octubre de 2010

Mis Historias: ¿Porqué habrá muerto el Sol?

Jejejeje. Otra vieja y extraña historia. Un susurro en mi mente dice que este cuentecillo nació por azar, gracias a un verso de una canción de Manu Chao que tergiversé voluntariamente pues sonaba mejor. Curioso. En fin, otra de mis viejas historias que al releerla no me ha parecido tan mala como para condenarla al eterno ostracismo de una carpeta digital apensa visitada. Espero que os guste.


¿Porqué habrá muerto el Sol?

Se levanta el día legañoso y cansado. Nubes blancas y grises surcan el cielo azul. Hace un momento se vio brillar demasiado débilmente la última luz de la noche. La brisa de la madrugada hace temblar a los primeros en levantarse, que esperan el calor de la mañana. Lentamente, como si fuese un viejo engranaje, el mundo, perfectamente sincronizado, se pone en marcha de nuevo. Hombres y mujeres empiezan a salir de sus casas y se dirigen en grandes oleadas de carne y hueso al lugar de costumbre. Todos los animales sobre la tierra bostezan, se desperezan y, como hicieron la mañana anterior, se preparan para afrontar, cara a cara, otro día más.
Pero no es otro día más. Al medio día, cuando el estómago empieza a aguijonear por el hambre, el Sol se apagó. Clara y sencillamente se apagó. No hubo grandes resplandores como en las series de ciencia-ficción. Simplemente se apagó. Sus lenguas de fuego se extinguieron y su luz amarilla llena de vida dejó de brillar; se convirtió en una gran roca negra en medio del espacio. En ese momento todos los recién nacidos del mundo se pusieron a llorar mientras sus padres, igual que el resto de adultos del mundo, miraban incrédulos al cielo. Ahora la tierra está a oscuras y hace frío. Aunque lo intenta, la luz eléctrica no puede substituir al padre Sol y lentamente todas las plantas están muriendo. Las ciudades se han llenado de enormes abrigos que humean vapor como si fuesen chimeneas y de enjambres de animales que buscan desesperadamente el calor que proporciona la civilización. Si vas al campo puedes ver brillar todas y cada una de las estrellas del cielo compitiendo con las farolas de las ciudades. Es precioso ver las estrellas tan vigorosas pero ya no hay Luna para los enamorados. Como la eterna acompañante del Sol que era, Selene ha muerto junto al Sol. Como él, ahora es una roca fría. Los lobos siguen aullando al cielo estrellado, pero la Luna ya no está.
Alrededor del mundo, los supervivientes buscan la manera de vivir. Intentan que la vida salga flote al precio que sea. Los tristes han perdido la esperanza. “Ya no hay luz…” dicen. Pero la gran mayoría se hace la misma pregunta: “Porqué habrá muerto el Sol?” En todos los países del mundo, la gente se hace esta pregunta. Es estúpido gastar energía en encontrar la respuesta, porque no te va a devolver al Sol. Sí, es estúpido, pero todo el mundo se lo pregunta. Científicos, filósofos, matemáticos, bomberos, amas de casa, obreros… todos se hacen la misma pregunta sin respuesta. Y además hay un hecho que se repite por todo el globo. Millones y millones de gente dicen ser los culpables de la muerte del Sol.
Todos empiezan a confesar sus pecados y sus errores y afirman entre sollozos que lo que hicieron mató al Sol. Los políticos hicieron públicos todos sus trapos sucios ante los ciudadanos. Como si fueran niños pequeños dijeron que no deberían haberlo hecho pero que estaban muy arrepentidos. Miles de maridos por todo el mundo se arrodillaron ante sus mujeres y les pidieron perdón por años de insultos y golpes. Los banqueros donaron todo el dinero negro que habían robado durante toda su carrera a asociaciones benéficas. Admitieron que eso no le devolvería la vida al Sol pero que era lo único que podían hacer. Los jóvenes reconocieron ante sus parejas todas las infidelidades. Montones de hombres desconocidos se acercaron a las comisarias para entregarse, sus asesinatos habían provocado la muerte del Sol y estaban preparados para recibir su castigo. Los niños pequeños prometieron a sus mamás no volver a decir ninguna mentira ni a coger ninguna galleta más del bote de cristal, pero eso no solucionaba nada. Hubo un hombre que llorando aseguraba que todo era su culpa, que había perdido sus sueños, que los había olvidado y que se había convertido en un hombre gris, y que por todo eso, el Sol se había suicidado. Un famoso escritor de best-sellers se acercó a la puerta de un escritor amateur y le entregó un maletín lleno de dinero. Era lo único que podía hacer por haberle robado una de sus novelas, pero el pobre hombre dijo que no lo quería, que él hacía años que había perdido la fuerza para luchar por su objetivo, la publicación y que por su culpa había muerto el Sol.
Como todos estos, millones confesaron sus crímenes y sus debilidades. ¿Pero qué es lo que verdaderamente mató al Sol? Yo sé cual fue mi falta y mi condena, pero la pregunta es: ¿Qué hiciste tú?

martes, 5 de octubre de 2010

Mis Historias: No En Mi Parque

Creo que ya va siendo hora de colgar el cómic que hice junto a mi buen amigo Daniel Peña. Esta historia nació en Amsterdam, durante un tiempo que estube trabajando en un albergue internacional llamado Flying Pig, y en principio iba a ser un cortometraje de animación estilo Pixar, sin diálogos y con un punto más gamberro. Como los de Pixar nunca llamaron a mi puerta acabé por convertirlo en guión de cómic y tras un tiempo en producción, Peña me devolvió tres hermosas páginas con dibujitos que cuentan una de mis historias. "No en mi parque" ganó el segundo premio del 9º Certamen de Cómic de Nou Barris y me llevé a casa un buen montón de cómics como premio. Espero que os guste (las imágenes pueden tardar un poco en cargarse pero se pueden ver ampliadas haciendo click).



jueves, 30 de septiembre de 2010

Mis historias: San Martín del Acantilado

En principio, esta historia iba a ser muy diferente. Mi esquiva memoria me trae sólo retazos de lo que iba a ser y recuerdo que estaba inspirada en la canción "La planta 14" de Victor Manuel. Es una historia sencilla que espero que os guste. Sé que a menudo no apetece poner un comentario pero en las ocasiones en las que cuelgo mis escritos más cercanos, los apreciaría más de lo normal, si cabe. La discusión y conversación son la salsa de la interacción.

San Martín del Acantilado

Los habitantes del pequeño San Martín son pescadores. Son gente de mar y viento. Rudos, fuertes, obstinados y libres. Aman el mar, el cielo y sus barcas de madera. Cada mañana descienden por el pequeño sendero que baja desde el peñón, en que firme se alza San Martín del Acantilado, hasta la playa de gruesa arena donde los pescadores tienen sus barcas amarradas. Esta gente de agua salada se conoce cada ola del encabritado mar y cada nube del espeso cielo del norte. Tienen la cara curtida por el sol y cuidan de no meterse en los endemoniados remolinos que se forman cerca del escarpado acantilado, al otro lado de San Martín.
Una encapotada mañana llegaron noticias de guerra. Un ejército titánico y cruel se acercaba. En pocos días ya había arrasado varias poblaciones vecinas imponiendo un duro y sangriento orden. Sólo un pequeño batallón se oponía al enemigo cerca de allí. La noticia corrió ligera como el viento y los pescadores, pronto tomaron una decisión. Si ni las poderosas tormentas, ni los huracanados vientos, ni los caudalosos aguaceros habían podido con ellos tampoco podría un ejército de hombres.
Hombres, mujeres, niños y ancianos; todo aquel que pudo empuñar un arma lo hizo. Se despidieron de sus amigos y familias y marcharon a combatir. Firmes y unidos se alejaron entre las brumas.
Los pocos que quedaron rezaban cada día a San Martín para que protegiera a los suyos. Rezaban en el camposanto, donde los pescadores son enterrados al pie de las furiosas aguas del acantilado. Bien cerca del mar y del viento.
En unos días el crujir de un pesado y viejo carromato interrumpió sus plegarias. Con los ojos enrojecidos, el dolor en su cara y cojeando; el hombre más fuerte y fiero de San Martín guiaba a un flaco burro por el camino del pueblo. Sin decirse nada, los que tanto habían rezado, empezaron a bajar los cadáveres del carro y a cavar sus sepulturas mientras el pobre hombre lloraba en el suelo. La tristeza y el dolor inundaban sus espíritus y poco a poco, silenciosamente, todos empezaron a llorar mientras enterraban a sus amigos y familias. Incluso el cielo y el mar lloraron. Llovió agua salada con furia y tristeza. El mar y el cielo se unieron en un gris pésame.
Mientras cavaban la última tumba vieron al ejercito invasor acercarse amenazante para reclamar lo que no era suyo: su pueblo y su libertad. Los hombres y mujeres de San Martín cuando acabaron de enterrar al último de los suyos, se unieron al gris del cielo y del mar para guardar sus almas. Desde el borde del cementerio, tras un último rezo en memoria de los hijos del mar, alzaron sus brazos y echaron a volar. Todos se perdieron en el gris mientras los truenos hacían temblar las piedras de San Martín del Acantilado.
Todos menos uno. El maltrecho hombre que no había dejado de llorar en el suelo se levantó por fin. Con los dientes apretados y una mirada desbordada de ira agarró con fuerza una pala. Pero un suave viento marino calmó totalmente su rabioso semblante. Tiró la pala y con los brazos abiertos, voló.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Poemas: Cuento de Amor y Pérdida

Hace tiempo, cuando era más joven, escribía poesía bastante a menudo. No es que fuera especialmente bueno ni nada por el estilo, pero me gustaba y algunos poemas puntuales (OLVIDO) tenían una fuerza especial. Hoy en día ya no escribo poemas y no sé exactamente porqué, pero hará tres o cuatro años, con motivo de un concurso de poemas de amor, seleccioné unos cuantos, les puse título y los ordené para que formaran una especie de pequeño relato lírico que paso a escribir aquí. Espero que os guste.

CUENTO DE AMOR Y PÉRDIDA

LA BÚSQUEDA
Quisiera poder ser
Las estrellas de tu cielo
Pero ahora puedo ver
Que soy otra estatua de hielo.

LA DUDA
Espero encontrar la media luna
Entre su pelo dorado
Entre sus ojos de plata
Entre sus curvas de miel
O en sus pensamientos
O en sus labios
O en su piel.

LA TONTERIA
Las rosas son rojas
El cielo es azul
Nada es tan bonito
Como hermosa eres tú.

LA UNIÓN
Cual sierpe sinuosa
Ella mueve su cuerpo
Ardiente y hermosa
Y sus áureos ojos
En mis ojos reposa.

LA DESPEDIDA
Como la olorosa brisa
Que se va lenta, sin prisa,
Como las aves del verano
Que se van demasiado temprano,
Tú haces como los pájaros
Que se van,
Pero no puedes olvidarlos.

EL OLVIDO
La olvidé y dormí,
Triste el sueño que no tuve,
Que si ella se va
El soñar se va con ella.

EL FIN
Y yo,
Preguntándome si algún día
Volveré a enloquecer por otra mujer.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Mis Historias: Cosas Que Nadie Sabe: Parte 2

He aquí la segunda parte de Cosas Que Nadie Sabe. La primera parte, ayer, aquí.

Cosas Que Nadie Sabe

Sobre las nubes
Sentado encima de la montaña más alta está el gigante Ymer. Lleva sentado ahí muchos años con la sola compañía de unas amables tijeras. Su grandísima barba, gris y blanca, no para de crecer. De vez en cuando, Ymer corta un trozo de la barba para que no crezca demasiado y lo lanza al viento. Algunas veces, se acuerda de lo solo y aburrido que está y llora. Entonces llueve.

Sobre los aviones de papel
Era una brillante tarde de verano cuando Juanito Montgomery construyó un avión de papel con punta especial. Preparó la posición de lanzamiento, sopló la energía de los motores y lanzó el avión de papel por la ventana. Mientras el avión planeaba Juanito oyó a su madre acercándose por el pasillo. Temiendo que su madre se enfadara si le veía tirando papeles a la calle, le pidió al avión de papel que fuera hacia una papelera. Tan bien lo pedía, con tantas ganas, que el avión giró y aterrizó en la papelera.

Sobre los caracoles:
La concha de un caracol es un lugar increíble. Es más grande por dentro que por fuera y así, el caracol lleva su casa personalizada a cuestas. Los gustos del viejo Obatalá, sin ir más lejos, incluyen un enorme cojín, una pequeña cocina y docenas de lamparitas colgando de aquí y allá simulando el cielo nocturno. El viejo Obatalá quiere estar siempre bajo las estrellas.

Sobre el arco iris
Hay una gran serpiente multicolor que vive en lagos y mares que aprovecha para salir un rato cuando el aire está más mojado. Tiene seis nombres como sus seis colores. Quien conoce todos sus nombres puede llamarla en cualquier charco o en la boca de una manguera. Uno de ellos es Audowido.

Sobre los cuentos
Cuando alguien cuenta un cuento, sobretodo cuando se trata de una persona mayor, un abuelo o una abuela, cerca de una chimenea a ser posible, se desprende un olor suave y dulce. Los gatos enseguida lo huelen y, husmeando, se acercan sigilosamente a escuchar el cuento que se va a contar.

Sobre el camaleón
Hace mucho tiempo, durante el Alcheringa, cuando repartieron los colores para cada animal, el camaleón iba muy despistado mirando con cada ojo en una dirección distinta. Buscando hadas y destellos. La cola era muy larga y cuando le tocó a él, el último de todos, les quedaba tan poco de cada color que le dieron un poco de todos.

Sobre los libros
Los libros son los objetos más peligrosos que existen. A veces, si andas despistado por una biblioteca, algún libro atrevido y aventurero saltará de su estante y te atrapará por una pierna o un brazo. Los libros especialmente testarudos pueden tardar semanas en soltarse y volver orgulloso a su estante.

martes, 31 de agosto de 2010

Mis Historias: Cosas Que Nadie Sabe: parte 1

Cosas Que Nadie Sabe iba a ser un libro ilustrado dirigido a un público infantil. Una chica me lo había propuesto como proyecto conjunto y accedí. La idea era que ella iba a hacer a los dibujos y yo escribir los textos. El proyecto ha caído en el olvido y no parece probable que consiga salir de él asi que he empezado en aprovechar los pocos dibujos que me envío y mis textos para vuestro gratuito disfrute.

Cosas Que Nadie Sabe

Sobre las vacas
Hay un gran prado verde donde algunas vacas se reúnen cuando cae la noche. Allí forman un gran corro y dentro, se esconde una vaca llamada Celeste. En la intimidad del círculo, Celeste empieza mover sus negras manchas por encima de su piel blanca y, como si se tratara de una película, empieza a contar historias de tiempos antiguos.

Sobre volar
El Niño de las Zapatillas Rojas fue la primera persona en aprender a volar. Paseaba distraído por la calle, mirando al cielo y las nubes. Así fue como un bordillo traicionero le hizo tropezar, pero en vez de caer al suelo se equivocó y quedó flotando en el aire. Y luego, se fue volando.

Sobre la lluvia
La lluvia está hecha de muchísimas pequeñas gotas de agua. Cada gota tiene sus preferencias, algunas prefieren caer sobre densos bosques y dar una alegría a los árboles. A otras les gusta más caer en las altas montañas para unirse con velocidad a hermanas, ríos y mares. Incluso algunas elegirían empapar las calles de la ciudad, para mojarnos y decir hola.

Sobre los fantasmas
Liu-Xan es un fantasma hambriento. Lleva mucho tiempo con un antojo tremendo. Una noche, sin poder contenerse más, se coló silenciosamente en la cocina de un pobre escritor y reptó hasta la nevera. La abrió y le dio un susto de muerte a un pastel de fresas que no había cocinado pero sí pensaba comerse. El fantasma del pastel apareció temblando de miedo y Liu-Xan dio buena cuenta de él. Más tarde, el escritor pensó que el pastel no sabía a nada.

Sobre las narices
Ya ha caído la noche y el Sr. Gris se ha acostado. Como de costumbre, su nariz se despega suavemente de su cara y en dos o tres saltos se planta en la ventana. Esta vez, se dirige al parque y cuando llega allí, se pasa varias horas correteando entre las flores y los árboles. Justo antes del amanecer, con el Sol escalando el horizonte, la nariz del Sr. Gris vuelve rápidamente a su sitio. Hay días en los que el Sr. Gris despierta pensando que ha soñado con flores.

Sobre el fuego
Si te quedas un rato mirando fijamente al fuego, podrás contemplar al circo La Chispa, un circo itinerante que viaja de hoguera en hoguera hipnotizando a niños y mayores por igual. Bailan, hacen malabares, tienen contorsionistas y todo lo que puedas imaginar; ¡incluso un domador de pulgas! Si te ha gustado la actuación, cuando dejes de mirar, échales una ramita como compensación.

Sobre los monstruos
Para empezar, los monstruos existen. Nessie, Bigfoot, el Coco, Frankenstein, el Yeti y muchos otros se reúnen una vez al año en un hotel alejado de la civilización para realizar la Convención Internacional de Monstruos. Allí se sienten en familia y, cansados de asustar a la gente y hacer cosas malas durante todo un año, se juntan en pequeños grupos para relajarse, contarse chistes y hacerse regalos. Los más solitarios pasan el rato leyendo al lado de la chimenea.

viernes, 6 de agosto de 2010

Mis Historias: Un Piano

Esta es una de mis historias más antiguas. La escribí durante el instituto y me hizo ganar algunos premios menores de la época (el del instituto y el del pueblo). Como es natural, el relato ya no es lo que era pero el elemento nostálgico es poderoso y a mí me sigue gustando. También me resulta curioso observar las manías y los tics que tenía hace tanto tiempo. Espero que os guste y que os entretengáis a poner un comentario aquellos con la entrega para leer el relato entero.

Un piano
Un piano. Un piano negro. Mi piano. Negro y brillante. Recio, suave, orgulloso. Un piano recto, respetable, erudito. Es mi piano. Es un piano genial, majestuoso, altivo y arrogante. Un piano ilustre y antiguo. Muchas manos lo han acariciado. Dedos de todas las edades han tenido escalofríos de placer al tocar las teclas blancas y negras. Incontables damas han suspirado al sentir el sonido del piano lamiendo su piel cual lengua de fuego. Su música embriagadora ha convertido en héroe al más cobarde. Sobre su lustrosa piel negra se han vertido mil lágrimas e incluso sangre. En su lomo se han subido algunas doncellas, que oyendo esa música seductora, perdieron su inocencia. Este ébano genial ha costado muchas estocadas y cortes. Mi piano tiene ya muchos años. Algún hábil carpintero usó su mejor madera, las cuchillas y sierras más afiladas, el esmalte más brillante y resistente. Sin saber lo que realmente creaba, moldeó la apariencia del instrumento. Creó el cuerpo donde otro gran artesano pondría las mejores cuerdas. Y le puso las entrañas. Más tarde, cada uno de los pianistas que lo tocó, le mostró y le dio un poco de su alma. Éste es un piano especial que no tiene nombre ni estampa. Jamás ha estado mucho tiempo en el mismo sitio. Es un piano que respira, que piensa, que vive. Y ahora mi piano es tuyo”
Y solo estas fueron sus últimas palabras. En la habitación donde murió mi padre solo estábamos el piano y yo. Mi padre murió solo y triste. Mi madre hacía tiempo que se había marchado para no volver. Supongo que mientras duró mi infancia no me separé de ella, pero en cuanto llegué a una edad madura para mi padre, él nos separó. No recuerdo el primer día que subí al oscuro estudio. Pero ese día, para bien o para mal, empezó realmente mi vida.
Mi padre tenía el piano negro en su estudio. Era un lugar que estaba permanentemente en penumbra, con montañas de partituras tiradas por el suelo, ligeramente húmedo y desde luego, amenazante. Poco a poco esa terrible sensación se fue desvaneciendo a medida que el piano empezaba a gustarme y yo empezaba a gustarle a él. Eso era lo que yo y mi padre hacíamos siempre encerrados en el estudio. Tocar sin parar. La obsesión de mi padre era que yo tocase el piano mejor que cualquier maestro. Pasábamos el día entero en el estudio. Uno de esos días, cuando el sol ya se ponía tras el horizonte, mi madre no estaba. Se había ido para recomponer los pedazos del corazón que mi padre había destrozado. Había recogido algunas joyas, algo de dinero, ropa y se había ido. Esa noche lloré mucho. Pero la mañana siguiente mi padre me subió al estudio de nuevo y, muy serio, empezó a explicarme la necesidad de un ritmo adecuado.
Alguna de las pocas visitas que mi padre recibía debió convencerlo para que yo fuera a la escuela. Incluso los maestros necesitan una formación básica. Así, cuatro cursos más tarde que los demás, empecé yo la escuela. Pero para mi padre, el tiempo que todos los chicos pasaban en la escuela, era innecesario. Yo salía siempre dos horas antes que todos los demás. Eso no me ayudó mucho. Los chicos no se me acercaban porque siempre me esforzaba al máximo en clase. Aunque ellos no lo supieran, mi padre me azotaba con cada mala calificación. Las chicas de la escuela cuchicheaban sobre el lúgubre chico que nunca hablaba con nadie. Y todas las madres criticaban al padre que nunca iba a las reuniones. Todos los trabajos de grupo los hacían sin mí. De todas las excursiones que se hicieron, nunca fueron a ninguna. Durante todo el tiempo que estuve en la escuela, y más tarde en el instituto, yo era como un fantasma
Pero nunca odié al piano ni a mi padre. Mi padre me había enseñado a tocar el piano y el piano me servía para soñar despierto. Yo quería a mi padre, él fue más maestro que padre, pero siempre le quise. Cuando yo tocaba, mi padre se sentaba a mi lado en una banqueta vieja y me escuchaba. Me hizo aprender centenares de obras; si las tocaba mal me reñía y si para él el error era demasiado grave me pegaba una bofetada. Pero cuando yo tocaba mis propias canciones, jamás las criticaba ni me reñía, sólo escuchaba. Y, por supuesto, era imposible odiar al piano.
Algunas noches oía a mi padre llorar. De pequeño siempre pensé que lloraba por culpa de las personas, porque el piano no podía hacerle daño. Así que para que yo jamás tuviera que llorar como él, me encerré en mi piano y allí viví. He vivido toda mi vida con el piano. Sólo con él.
Ahora ya he vivido lo que me tocaba vivir. He vivido mi vida con mi piano y mi música. He vivido mi vida entre compases, rodeado de notas, robando sueños a músicos de todo el mundo y todas las épocas. He vivido mi vida sentado en una banqueta acolchada de suave terciopelo negro. Mis dedos han envejecido reposando en las suaves teclas del piano. Y hoy, me muero.
La enfermedad que consume mi cuerpo no importa. Pero hoy me muero; y hoy voy a tocar mi última canción. La más importante. Mi canción. Mi padre me contó una vez, que todos los verdaderos músicos, antes de morir tocan una última canción. Éste es mi momento. Mi piel tiembla sólo con pensar en que voy a tocar el piano por última vez. De mis viejos ojos salen tímidas lágrimas. Me he vestido de gala, cual último concierto. Mis arrugadas manos se acercan lentamente a la superficie del piano. Un escalofrío recorre mi espalda en cuanto lo acaricio. Suavemente, sin prisa, me acerco a las teclas. Cierro los ojos y junto a la primera nota mi alma empieza a soñar. Es un sueño plácido, en el reino de la música, donde todo es sonido. Es donde siempre me he refugiado. Mi casa, el único lugar que yo llamo hogar. Cálida y tierna, la música se enreda sobre mis dedos y sigue enroscándose por mis brazos hasta llegar al corazón. Se acelera siguiendo el ritmo que imponen mis últimos latidos. La música se enciende al rojo vivo cuando la adrenalina se dispara. Es ella la que surca con bravura la sangre de mis venas. Ardiente, llena mi cuerpo. Y así, yo, me convierto en melodía. El éxtasis estalla en llamas de mil colores musicales que me rodean y acarician.
La música se calma, el fuego desaparece y se convierte en un tranquilo estanque en el que floto. Lentamente el estanque, el reino, la música, desaparecen para siempre. Abro pesadamente mis ojos llenos de lágrimas. Siempre creí lo que me dijo mi padre; y así, creyendo lo que él me decía, he conseguido tocar mi última canción. La última canción. Y ahora que por fin mis lágrimas son de alegría, puedo morir. Una de ellas, salta atrevidamente hacia el piano. Al caer sobre una tecla suena imperceptiblemente una nota. Cualquier otro hombre no la hubiera oído, pero yo sé que, en esta habitación vacía, sólo él puede decirme adiós.

lunes, 26 de julio de 2010

Mis Historias: La Moraleja

Esta historia también nació con ánimo experimental pero poco tiene que ver con lo que he publicado anteriormente. Os presento La Moraleja, mi primer corto de animación con plastelina usando Stop-Motion. No es más que un pequeño gag pero a mi me sigue gustando. Aquellos de vosotros vagos que no os apetezca leer, estáis de enhorabuena! Los ávidos de más videos, pueden serguir el link de Osniak Films en Vimeo para contemplar contemplativamente el resto de videos. Sin más dilación...


LA MORALEJA from Osniak Films on Vimeo.