jueves, 22 de septiembre de 2011

OT: La estupidización

Navegando por ahí me he encontrado con una antigua polémica generada a cuento de unos tweeters supuestamente ofensivos del pujante director Nacho Vigalondo. En este artículo encontraréis toda la información necesaria para haceros una idea detallada de la historia pero más o menos se resume así: Vigalondo, de espiritu investigador, se pone a hacer chistes que calificaríamos de humor negro, incluyendo uno sobre el holocausto. Enseguida se arma un cristo de no veas y le empiezan a llover los insultos, amenazas y demás. Toda esta historia no es más que otro lamentable episodio en el bestseller de "Tonterías sin importancia sacadas de quicio". Por si fuera poco, a los individuos aburridos deseosos de entrar en cólera por la enorme afrenta a sus sagradas creencias se suman los medios de comunicación, ansiosos de capitalizar el asunto y convertirlo en noticia para mayor gloria de la ciencia del absurdo. Mi mala memoria no me permite recordar otros capítulos semejantes aunque sé a ciencia cierta que haberlos, haylos. El artículo que he enlazado un poco más arriba da una sucinta explicación a este fenómeno tan de moda y la causa que propone es:
La estupidización de la sociedad. Una enfermedad que consiste en que, poco a poco, en este país, la gente se comporta como si estuviera en un plató de Sálvame. Tienen una necesidad constante de gritar y sentirse ofendido para ver si montando gresca, le llaman para programas y cobra más.
Este párrafo, con el que estoy totalmente de acuerdo (y que a veces exagero (o no) con un "Un apocalipsis zombi es lo que necesitanmos"), me ha hecho pensar en el futuro de la raza. Si como sociedad, somos cada vez más estúpidos, irracionales y fáciles de manipular, ¿Qué será de nosotros? Para aquellos que quieran contemplar uno de los posibles futuros: Idiocracy

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Martin o cualquier tiempo pasado fue mejor

Muy a menudo, al ver una película viejuna, anterior al 1990, me viene a la cabeza el famoso verso de Manrique que preside este artículo. La nitidez de aquellos tiempos remotos no se puede comparar a la claridad actual de las películas rodadas en Imax, tampoco es justo poner los efectos especiales de entonces junto a las maravillas técnicas que generan los maestros del CGI. Pero, ¿qué más da todo eso cuando una película del 1978 rodada con una mísera fracción de lo que cuesta cualquier blockbuster les supera en alma y corazón?
Martin, del maestro Romero, es la incursión personal de un director obsesionado con darle la vuelta al cine de terror en el sobreexplotado mundo de los vampiros. El maestro crea una atmósfera onírica y tensa en la que incluso las secuencias más surreales extienden sus tentáculos de terror hasta el espectador. El gran misterio de la película no es descubrir quién es el vampiro o si los buenos conseguirán matarlo a tiempo; para empezar, en Martin no hay buenos y el misterio consiste en descubrir si el protagonista es un vampiro o sólo un desequilibrado psicópata más. La magia, el toque de calidad, la gracia de la película está en la manera que tiene Romero de abordar la cuestión, centrándose en los conflictos emocionales y las rarezas del protagonista en vez de en sus particularidades vampíricas.
Resumiendo, Martin es una película realizada con verdadero amor y pasión para con la idea a ejecutar y eso se nota en todos y cada uno de los planos. Es cierto que los espectadores actuales pueden no estar acostumbrados a un ritmo un tanto distinto pero si te resistes a ver esta película, sea la que sea la razón que esgrimas, te estás haciendo un flaco favor.

martes, 20 de septiembre de 2011

Grandes Personajes: Ellen Ripley

Ellen Ripley no es sólo uno de mis personajes favoritos sino que se ha convertido en un arquetipo por derecho propio que todavía no ha sido superado (la única excepción sería Sarah Connor y quizá la Nikita original) y que abrió la puerta a muchas otras heroínas de ficción. Su primera aparición es en 1979 gracias a Ridley Scott y su obra maestra, Alien, pero el personaje magistralmente interpretado por Sigourney Weaver volverá para protagonizar las 4 secuelas siguientes.
La primera vez que vemos a Ellen Ripley es una oficial en una nave llena de hombres y su personalidad y carácter enseguida se hacen palpables. Para colmo y gracias a la osadía de Ridley Scott, Ripley no es una guapísima y joven rubia neumática, sino una mujer inteligente y capaz. No sólo da órdenes a sus subordinados sino que lo hace con seriedad y seguridad; pero lo mejor está por llegar. Este personaje empieza a brillar con más fuerza si cabe cuando empieza su enfrentamiento con el Alien, el monstruo más terrible que puedas imaginar. Ahí es dónde el espectador descubre que, sumado a todo lo anterior, Ripley es un personaje real, que suda y se despeina cuando huye del monstruo, grita cuando la asustan y gruñe cuando se enfada.
Ellen Ripley no es un personaje creado como simple reclamo para los hombres, tampoco es el objetivo romántico del protagonista ni el secundario femenino necesario para dar variedad al film. Ripley es un gran personaje de la cabeza a los pies y probablemente uno de los mejores personajes femeninos de la historia del cine.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Los matices de la pureza

La influencia de Breaking Bad se nota en el título de este post cuando substituyo "calidad", que es la palabra que mejor describiría el tema que quiero tratar, por "pureza", término empleado a menudo en la magnífica serie de AMC. Por otra parte, el título funciona mucho mejor así y tiene más fuerza, así que perdonen las licencias.
Ayer, mientras disfrutaba de la plácida sensación que se le queda a uno en el cuerpo al acabar un episodio de Breaking Bad, me puse a pensar en las diferencias existentes entre las grandes series. ¿Qué separa The Sopranos de Six Feet Under? ¿Qué hace Oz mejor que Breaking Bad y viceversa?
Los puntos en común son relativamente sencillos de encontrar pues no son más que las bases, los pilares esenciales en cualquier gran narración. La creación de unos personajes interesantes, redondos y distintivos es fundamental y todas las series Top comparten esta característica. Por otro lado tenemos la originalidad y frescura de las tramas, generalmente nacidas de la interacción entre los personajes. Además de una buena dirección, necesaria si quieres crear un producto audiovisual por encima de la media, un buen guión y unos diálogos naturales y verosímiles son piezas clave en el puzzle de las series de calidad.
Así a primera vista, no parece que hayan mucho espacio para diferencias en los puestos más altos de la escala. Todas las series Top mantienen un alto grado de excelencia en la mayor parte de sus aspectos técnicos y artísticos pero todas estas series no son iguales ni mucho menos. Tras meditarlo un poco, creo que la mayor diferencia entre ellas, es el tema y la manera de tratarlo. The Wire, más allá de las historias de policías y criminales, trata sobre la decadencia y corrupción de las instituciones desde un curioso punto de vista en el que todos los personajes son, a la vez, héroes y villanos fotorealistas. Cada plano tiene un velo de sordidez y tristeza tanto como tiene ese punto brillante. Por otro lado, The Sopranos utiliza la Mafia como representación del conjunto entero de la sociedad y de sus tristes y cómicas absurdeces. Deadwood es un retrato poético de una época sucia, caótica y difícil, un delicioso experimento con un género demasiado rígido y Six Feet Under un canto a la vida a través de la muerte.
Como grandes historias que son, las mejores series de televisión se caracterizan por lo que cuentan y por cómo lo cuentan. Aún no tengo del todo claro cuales son las mejores palabras para definir Breaking Bad pero ya vendrán con el tiempo. De momento, me queda lo más importante, seguir disfrutando.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Attack the Block: entretenimiento inteligente

Qué curiosamente refrescante es ver una película que mezcla géneros como la comedia, acción y ciencia-ficción en un conjunto divertido, emocionante e inteligente. Eso es precisamente lo que hace la británica Attack the Block, en el debut como director de largometrajes de Joe Cornish, quien también firma el guión del film. Attack the Block cuenta la historia de una invasión alienígena centrada en un barrio pobre y marginal de Londres, donde una grupo de jóvenes pandilleros harán todo lo posible para defender su territorio de las peligrosas criaturas.
La mejor manera de entender la brillantez de Attack the Block es comparándola a otra película de similares características: Cowboys and Aliens. Ambas películas mezclan varios géneros, tienen a alienígenas como antagonistas y a colectivos peculiares como protagonistas. Por fortuna, ahí acaban las diferencias pues mientras que Cowboys & Aliens mezclaba esos conceptos sin atinar demasiado y con muy poca intención, Attack the Block cuida con mimo cada una de sus piezas y las hace encajar con maestría. A muchos veteranos actores y directores de Hollywood se les debería caer la cara de vergüenza al ver la fuerza y energía que demuestra Cornish en su debut así como la joven pandilla que protagoniza el film y que también se estrena frente a las cámaras.
La trama general de Attack the Block no es original en ningún caso: alienígenas cabreados y peligrosos llegan a la Tierra para sembrar el caos. Enfrentar estos aliens a un grupo protagonista extraño y sin preparación tampoco es una gran novedad pero la naturalidad con la que aparecen retratados junto a un guión medido al milímetro y unas grandes interpretaciones otorgan a Attack the Block una identidad que muchas otras películas con mayores presupuestos querrían para sí. Las escenas de acción están muy bien coreografiadas y aunque a veces fuerzan las tuercas en algunas persecuciones (con lo peligroso que presentan al bicho, luego es incapaz de alcanzar a un chaval a la carrera), todas resultan emocionantes, especialmente cuando descubres que no todos los protagonistas sobrevivirán la noche para ver amanecer. Las dosis de comedia están perfectamente integradas en la trama y ritmo de la película, ya sea a través de las frases barriobajeras de los protagonistas o gracias a las estelares apariciones de Nick Frost como traficante de marihuana: el plano de los dos fumetas aguantando el humo es sencillamente genial. Situar la historia en un barrio marginal suele provocar la tentación de introducir con más o menos fortuna una pizca de crítica social, pero Attack the Block se limita a mostrarnos estos personajes tal y como son, sin detenerse a realizar juicios de valor o justificaciones innecesarias, lo que paradójicamente sensibiliza más al espectador que si hubiesen intentado meter con calzador a un padre alcóholico o un hermano criminal.
Los amantes de la ciencia-ficción y de las películas de acción están de enhorabuena con Attack the Block que demuestra, una vez más, que el entretenimiento inteligente es posible. Alguien debería avisar a los productores yanquis.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

True Blood S4: Sangre aguada

Esta semana ha acabado la cuarta temporada de True Blood y al igual que los editores y redactores de IGN, siento que la calidad de esta serie fantástica (género con menos presencia en la televisión yanqui) ha disminuido. Para que no se me malinterprete diré que a pesar de todo, he disfrutado de esta cuarta temporada y pienso seguir viendo esta serie hasta que la cancelen pues este descenso cualitativo no quita que True Blood siga haciendo muy bien ciertas cosas: sigue manteniendo ese extraño y sutil sentido del humor, mezclan el gore salvaje con el pasteleo más dulzón y, en general, es una serie que está muy bien escrita.
¿Qué ha fallado esta temporada entonces? Me da la sensación que los realizadores de True Blood se han acomodado un poco en la estructura narrativa de las anteriores temporadas en las que un villano muy claro pone en peligro a los protagonistas principales mientras que los secundarios danzan con sus propias mini-tramas. El problema es la falta de conexión entre estas mini-tramas y el argumento principal de la temporada; las historias de los secundarios apenas mantienen el interés puesto que sabemos que no guardan ninguna relación con la gran historia que nos están contando y los espectadores (o al menos yo) están esperando a que se acabe esa escena para volver con Sookie, Bill, Eric y el resto de protagonistas del arco principal. Si las tramas y personajes secundarios estuvieran conectados al argumento principal de alguna manera y se se afectaran recíprocamente de tanto en tanto, el resultado final sería mucho más satisfactorio.
Por otro lado, esta cuarta temporada ha sufrido un poco con uno de los síndromes de 24, la serie. En la serie protagonizada por Jack Bauer, en vez de una gran trama de temporada, compacta, coherente y unitaria, había tres o cuatro tramas que se sucedían una a otra formando el argumento de la temporada. Voy a usar un tren como ejemplo de lo que quiero decir. Tanto 24 como esta cuarta temporada de True Blood, son trenes antiguos donde los vagones están claramente separados aunque unidos temporalmente hasta que dure el viaje. Yo, personalmente, prefiero estos trenes modernos, donde los vagones están completamente unidos entre sí de manera que puedes pasear de una punta a otra sin salir del tren en ningún momento. En esta temporada de True Blood, empezamos con la trama de las hadas, luego se presentan a las brujas y enseguida pasamos a la historia del Eric amnésico que, una vez curado, nos permite llegar al enfrentamiento final entre la bruja mala y los protagonistas.
Espero de corazón que Alan Ball se ponga las pilas y nos ofrezca una quinta temporada más espectacular y narrativamente interesante. Aún habrá que esperar un año pero si no me equivoco, ya está confirmado que llegará.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Colombiana: un poco de acción para pasar el rato

Oops. Me temo que mi zambullida de cabeza en Breaking Bad y la ausencia temporal de mi ordenador principal han provocado una bajada en el número de artículos considerable pero voy a intentar recuperar mi ritmo habitual esta semana.
Ayer domingo, día de películas tontas por excelencia, me dispuse a ver Colombiana, cuyo mayor atractivo era la participación de Luc Besson en calidad de guionista y productor, el francés tiene un estilo particular para las escenas de acción que me gusta bastante. Colombiana es una historia de venganza clásica y directa sin demasiados enredos: una niña ve a sus padres morir a manos del mafioso de turno y tras escapar jura venganza; un familiar la cuida y entrena, se enamora de un tipo pero no puede tener una relación normal y la policía la busca. Clásico, vamos.
Obviamente, Colombiana no tiene más pretensiones que entretener durante un rato viendo a Zoe Saldana liquidar elegantemente a todo el que se interpone en su camino. Como esperaba, las escenas de acción están bien rodadas y tienen su punto novedoso. La historia de amor es breve y no satura, lo que ayuda bastante al disfrute de la película. Ya que la consabida love-story es obligatoria en todas y cada una de las películas hollywodienses, esta vez no llega a incordiar como en Green Lantern, por ejemplo. Ningún actor se luce especialmente pero no se les puede reprochar pues no hay material para ello. El guión es sencillo pero coherente y compacto, más centrado en hilvanar correctamente las escenas de acción que en provocar reflexiones en los espectadores. No lo digo como un reproche ya que, como he dicho, el hilvanado está bien hecho y la trama no presenta ningún agujero demasiado obvio. Bueno, el uso del software de reconocimiento facial es un poco patillero, pero poco más.
Algo os puedo asegurar, a pesar de sus menores aspiraciones, he disfrutado Colombiana bastante más de lo que disfruté Gamer. Dios, aún tengo pesadillas con el montaje hiperactivo de esa película.